Mi hijo está creciendo: despidiendo la infancia

Columna escrita para Revista Paula                                      Ilustración: Sofía Valenzuela

Estos últimos meses han sido un tiempo de descubrimiento, de ajuste y de reencontrarme: conmigo en mi rol de mamá y con mi hijo que ha cambiado o crecido a la velocidad de un rayo. Me a costado reconocerlo en esta nueva figura de “hombre algo más adulto”, es como si de un día para otro estuviera frente a una nueva persona. Tiene doce en un cuerpo de catorce, pero más allá de sus cambios biológicos, hoy por primera vez empiezo a sentir como esa infancia se me va yendo de las manos y necesito por su bien y el mío empezar a despedirla. Hoy me veo encarnada en los padres que van a la consulta a preguntarme: ¿Qué hago con mi hijo que está tan cambiado? ¿Qué pasa que ya no quiere estar con nosotros y solo con sus amigos?, ¿Porqué esta más conectado en su celular y se encierra en la pieza?. Siempre he dicho que no existen las recetas, pero la verdad, es que hoy me encantaría tener una bajo la manga.

Y es que esta nueva etapa viene cargada de desafíos, no solo para ellos que empiezan a buscar su identidad e intentar acomodarse a este nuevo cuerpo de adulto, sino también para nosotros que empezamos a darnos cuenta que eso que sirvió por años, hoy ya no funciona tan bien como antes. Hoy no existe decir “No, porque yo lo digo”, eso no es suficiente, ellos piden mucho más análisis y nos hacen cuestionarnos muchísimo más a nosotros mismos y todas esas creencias que hemos acarreado por años. La realidad es que nuestros hijos a esta edad comienzan a necesitar otras maneras de acercarse, otros padres y otros espacios, y es tan difícil de expresar para ellos, que somos nosotros los que necesitamos detenernos a descubrirlos y ofrecerles lo que necesitan en pos de construir una relación distinta con ellos.

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Mucho se habla de crianza cuando tenemos niños pequeños, también existe información acerca de la adolescencia. Sin embargo, en este transito de la pre adolescencia encontramos pocas respuestas, y es sin duda el primer guiño que le hacemos a la próxima etapa. Es en esta época cuando comienzan los primeros permisos y los primeros esbozos de independencia y autonomía de nuestros hijos. Y la verdad es que siento que nos pilla como desprevenidos, y  nos enredamos en un mar de pensamientos sin respuestas cuando viene la pregunta ¿puedo ir a….?. Entonces empezamos a tambalearnos entre una respuesta y otra, entre un rol y otro, buscando cierta flexibilidad en nuestras cabezas: sabemos en el fondo que esa independencia es sana y necesaria para su desarrollo… pero al mismo tiempo ¡los vemos tan chicos todavía!.

Debo reconocer que ver crecer a mi hijo ha sido un proceso de duelo, ver que el niño se va y va apareciendo el adulto. Además esta nueva etapa aparece con una transformación profunda en el rol de mamá, nos damos cuenta que en la crianza no existen los absolutos y que más que nada necesitamos ir haciendo camino al andar con cada uno de nuestros hijos. Es en esta nueva etapa que nuestros hijos nos necesitan menos en lo logístico: pueden irse solos caminando, tienen juntas, salen a la plaza con sus amigos o se vuelven solo de la playa. Claramente como mamás vamos ganando en independencia, sin embargo a ratos se nos olvida que es cuando más nos necesitan en lo emocional. Y es que cuando crecen físicamente y se van transformando en estos “mini adultos” es tanta la autonomía que piden a gritos, que se nos olvida que aún nos siguen necesitando emocionalmente….me atrevería a decir que incluso más que antes. Y entonces si bien somos más independientes el uno del otro, nos necesitan más cerquita mostrándoles el camino, mostrándoles que estaremos ahí para cada caída y cada preocupación.

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Es en esta etapa cuando nuestra relación necesita cambiar y dar un vuelco; ya no necesitamos sentarnos en cuatro patas a jugar con ellos, darles la comida o acompañarlos en la noche a que se queden dormidos. Hoy nuestro desafío es mucho mayor, necesitamos volver a conocerlos, saber qué es lo que les gusta, de qué se ríen, quiénes son sus amigos y porqué los eligieron, reírnos de sus chiste y pasar tiempo juntos. Tiempo real de conexión emocional, porque solo si logramos construir esta relación nos dejaran la puerta abierta en la adolescencia. Quizás el mayor y más importante desafío será encontrar el equilibrio perfecto entre cercanía emocional y independencia y autonomía física.

Estamos al inicio del camino, y aunque suena lindo e idílico, incluso fácil….es mucho más desafiante de lo que parece, necesitamos detenernos a mirarlos y descubrirlos a ellos y a nosotros como padres. NO hay recetas, la mejor “receta” la tendremos que encontrar en ellos mismos. Lo único claro es que necesitamos dejarlos volar con sus propias alas, porque solo así aparece su propio crecimiento.

Yo al menos hoy decido despedir a la infancia y bienvenir la adolescencia con los brazos abiertos, esperando y confiando que mi hijo será quien me guiará en este camino. Y si nos perdemos….bueno nos perderemos juntos, porque estoy decidida a vivir la adolescencia como él me enseñe….VOLANDO.

María José Lacámara

Instagram: @joselacamarapsicologa

 

 

 

3 comentarios en “Mi hijo está creciendo: despidiendo la infancia

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