Vacaciones: trabajando la autonomía de nuestros niños

En estas vacaciones he aprendido…

He aprendido que delegando tareas a mis hijos ellos crecen y yo descanso. He aprendido que si los suelto, ellos vuelan y que si confío, aprenden a creer en ellos mismos, que pueden, que son capaces, y que no me necesitan para lograr lo que se proponen.

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Está más que comprobado que el “overparenting” o la hiper-parentalidad los desprovee de herramientas para enfrentar la vida, los hace alejarse de las emociones negativas, frente a  las que encontrarán alternativas de solución para auto modularlas. Siento y creo que las vacaciones son un excelente momento para poder ponerlos a prueba, para soltarlos, para hacerlos crecer en autonomía y dejar de ser nosotros esos padres o madres aprehensivas que en el día a día intentamos arreglar cada problema que se les presenta en el camino. Lejos de la rutina y las tareas que deben ser cumplidas- más tranquila y sin correr- podemos hacer este experimento e intentar dejarlos crecer y creer en ellos.

Desde estas vacaciones mis niños, ya no son tan pequeños, porque durante este tiempo me he propuesto ser una mamá que no subsidia, es más, ser la que impone nuevos desafíos a sus hijos, cada desafío dependerá de su edad, teniendo en mente que lo que no será subsidiado será aquello que tenemos la certeza que ellos pueden hacer por ellos mismos. Tuve que redefinir mi cabeza, convencerme de que con esto no estaba siendo una  “mala madre abusadora”, sino todo lo contrario, una madre consciente de la necesidad de ellos de crecer y de yo ir haciéndome cada vez más prescindible. Aprendí que al decirles “no, tu puedes” cuando ellos me piden algo, no se desilusionan de mí, sino que más se ilusionan descubriendo  sus propias herramientas y de lo que son capaces de lograr. Mi hija de cuatro logro darse cuenta que puede hacer su cama, mientras mi hijo de once sabe que puede servirles el desayuno a sus hermanos.

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Hoy en mi cabeza está el lema “no más subsidio” y no saben cómo me ha ayudado a mí y a mis hijos. A mí porque me ha hecho una mamá mucho más libre, gozadora, tranquila y descansada. A ellos porque han aprendido a crecer, a creer en ellos, a saber que pueden ayudarme y a mostrarme que también tienen su manera de hacer las cosas. Hemos descubierto un mundo que no conocíamos, en el cual les permití crecer en la autonomía.

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Lo mejor de todo esto, es que en la medida que ellos crecieron en autonomía, lograron hacerse cargo de miles de tareas con las que yo cargaba día a día, por ende redistribuimos los roles… se equiparó la balanza. Y nos hallamos con una mamá descansada, tranquila, y encontrándose con el disfrute. Ustedes se estarán preguntando…y bueno ¿a que nos llevó todo esto?  Estoy convencida que nos llevó a poder finalmente encontrar más espacio de conexión emocional, que es por lejos lo más importante en la relación con nuestros hijos. Es tan importante que a ratos lo olvidamos, porque a veces la paradoja de la vida nos hace olvidarnos de lo que es realmente importante, el día a día queda relegado a nuestro cansancio, a la necesidad de tener un tiempo de paz para nosotros y entonces estar preocupados darles las  instrucciones necesarias para que ellos hagan. Y si estamos demasiado cansados incluso a veces preferimos hacerlo nosotros, porque será más rápido (y no crean que no me pasa como madre). Finalmente terminamos haciendo por ellos, y desconectándonos de cómo se sienten, cómo viven y que son capaces de hacer.

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Durante estas vacaciones, aprendí a conversar con mis hijos, a no estar cansada y a no hacer lo que ellos pueden hacer. Abrí un mundo inimaginable de posibilidades, que me inspiró en mi rol de madre y que me inspira hoy a contarles todo esto.

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Realmente pensé en algún minuto escapar de estas “vacaciones”, me vi frente a una nueva realidad, no tener ayuda… nada de nada. Era yo y mis tres niños. Pensé que moriría en el intento y muy lejos de eso, este experimento resultó ser nuestro mayor crecimiento. “No más subsidio” se transformó en mi lema mental, segura de que con esto solo nos estábamos ayudando todos. Fue así como día a día aprendieron a que tienen que hacer sus camas, cambiarse de ropa, lavarse los dientes, levantar la mesa, poner los platos en el lavavajillas, colgar los trajes de baño y toallas mojadas, hacerse desayuno, ir a comprarle a la mama una bebida al kiosko, hacer sus mochilas para el día siguiente, llevar cada uno sus cosas a la playa… solo por poner algunos ejemplos. Ya no soy la mamá que anda como loca cargando cosas, gritando dando instrucciones, lavando platos sucios, y agotada cuando llegan las 8pm. Hoy la balanza se equiparó y todos mis niños aprendieron que ellos pueden!! Todos ganamos.

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Ellos crecieron en autonomía y confianza, y yo crecí en disfrute y conexión. Estas si están siendo vacaciones para todos!

María José Lacámara

joselacamara@gmail.com

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