Miedo al Miedo: ¿Qué hacemos con él?

Desde lo más profundo de mi ser, creo que todos buscamos ser los mejores padres, y qué dadas nuestras posibilidades y conocimientos, hacemos hasta lo imposible para que nuestros hijos sean felices a lo largo de su vida. A veces sin darnos cuenta, y muchas veces por el miedo profundo a que les pase algo o que sufran, nos vamos transformando en papás protectores o sobre protectores. Esos que los miran y cuidan de posibles peligros y heridas, esos que buscan cuidar a su hijo como si este fuera la piedra más preciosa del universo, y es que sin duda para nosotros lo son. La realidad es que existen evidencias robustas y claras, que nos dicen a viva voz que este instinto básico que poseemos para intervenir y rescatar a nuestros hijos, combinado con las preocupaciones, la tecnología y las expectativas de nosotros como padres, son la mezcla perfecta para desarrollar la muy conocida ya: ansiedad. Hoy nuestros niños están más ansiosos que nunca, y existe una muestra contundente de que más de un 20% de los niños sufren de un trastorno de ansiedad diagnosticable.

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Cada vez veo más ansiedad en los niños y adolescentes que llegan a mi consulta. El sentimiento a la base: un miedo profundo, un miedo intenso a no ser capaces de lograr eso que sus padres y pares esperan de ellos. En este mundo exigente en el que vivimos, ellos se enamoran de la idea de buscar desesperadamente la perfección en todo aquello que emprenden, ser los mejores del curso, las más lindas y populares entre sus pares, los más inteligentes, los mejores deportistas. Esta perfección se hace obviamente inalcanzable, porque los que pasamos por esta vida sabemos que esa perfección no existe y que lo perfecto es, finalmente dar lo mejor de uno mismo. Lamentablemente nuestros hijos no saben eso, sin darse cuenta el miedo a no ser lo que los otros esperan de ellos se apodera de sus vidas. Es así como comienzan con conductas evitativas, no quieren ir al colegio, les duele la guata y entonces no van, prefieren no dar esa prueba para la que tanto estudiaron porque no se sienten listos para sacarse la mejor nota, prefieren no hablar en su grupo de pares por miedo al rechazo o ridículo, no quieren ir a la fiesta que tanto los pone nervioso, y así podría continuar infinitamente.  El tema quizás más importante es cómo, como padres avalamos y alimentamos esta evitación. Sin darse y sin darnos cuenta al estar evitando, el miedo más profundo de nuestros hijos se hace realidad, viéndose expuestos a todo eso que no pueden lograr y enfrentar, y que por ende, los paraliza, se hace evidente así que no son capaces. Nace entonces el círculo vicioso de la ansiedad y el miedo al miedo, donde nosotros como padres podemos y debemos intervenir.

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Y entonces ¿Cómo hacemos para ayudarlos a no caer en este círculo vicioso? ¿Cómo me doy cuenta como padre que al protegerlo lo estoy des protegiendo? ¿Cómo ayudar a no alimentar estos miedos y ansiedades? Claro está, que cuanto más tratamos de proteger, controlar, rescatar, acomodar y tranquilizar a nuestros hijos, menos equipados los dejamos para manejar los distintos retos de su vida. Sin darnos cuenta los des protegemos, dejándolos desprovistos de herramientas de enfrentamiento, e incluso más aun enraizando la creencia en ellos mismos de que no son capaces, porque no son lo suficientemente buenos para salir airosos de la situación temida.

La realidad es que los distintos retos y situaciones difíciles de la vida están hechos para poner a nuestros niños fuera de su zona de confort, e instalarlos en una zona de incomodidad e inseguridad, que deben aprender a manejar, soportar, tolerar y sobrellevar. Al protegerlos de todo aquello que temen y darles permiso para evitar esas situaciones incómodas, inevitablemente estamos alimentando sus miedos y ansiedades, e instalando la ansiedad como una problemática base en sus vidas.

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Y entonces ¿Qué debemos hacer como padres? Lo primero es aceptar que nuestros hijos pasen por estas situaciones temidas, llevarlos a enfrentar eso en lo que no se sienten capaces. ¿Por qué hacer esto? Porque debemos tener la convicción de que más allá de que sea con torpeza, sufrimiento o mucha incomodidad ellos serán capaces de sortear las caídas y pasar a la siguiente etapa. Si nosotros como padres no tenemos esta convicción, no podremos traspasarles esta fuerza y energía para enfrentar eso que ellos tanto temen. Si logramos hacer esto, veremos como con el paso del tiempo ellos lograrán aprender y crecer con maestría, mientras luchan, fracasan y entonces vuelven a levantarse y realizar lo que se proponen.

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Si queremos que nuestros hijos sepan cómo recuperarse de sus inevitables problemas, miedos e inseguridades, necesitamos confiar en que ellos aprenderán a recuperar el camino de ese tren descarriado. Cuando, por el contrario, los ayudamos a evitar eso que temen, y la vida se encargue de ponerlos de frente a sus miedos, nuestros hijos inevitablemente fracasarán y lo que es peor, no tendrán idea de qué hacer después. Llevémoslos a enfrentar, ese siempre será el mejor camino para sobre llevar sus miedos y que estos disminuyan y se vuelvan manejables.

María José Lacámara

joselacamara@gmail.com

 

4 comentarios en “Miedo al Miedo: ¿Qué hacemos con él?

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