Autoagresiones adolescentes: El falso alivio de la angustia

 

Sin duda la adolescencia es una etapa dura, llena de cambios neuronales y hormonales, llena de crecimiento a nivel de pensamientos e ideales. Hoy nuestros adolescentes además se enfrentan a algo que quizás no era parte de nuestras vidas una década atrás.  Las redes sociales, Internet, YouTube y la era digital se han apoderado de ellos, de cómo se relacionan, como piensan y que modelos siguen. Claramente esta no es la única causa, de que hoy en mi consulta tenga cada vez más adolescentes que buscan “aliviar” su angustia a través de autoagresiones, típicamente cortes. Sin embargo y sin duda, esta es una “solución” conocida para ellos, sus pares lo hacen, las distintas páginas web lo promueven y varios youtubers hablan de los cortes como una escapatoria viable para la pena, la soledad, el aislamiento y la angustia. Hoy la realidad es innegable, los cortes y autoagresiones superficiales son parte de los intentos de solución de nuestros adolescentes frente a las distintas problemáticas que se les presentan.

Lo primero sería quizás poder aclarar algunos mitos que existen frente a estas conductas y cuál es la realidad de ellas.

  • Mito: Las personas que se cortan y se autolesionan tratan de llamar la atención.
  • Realidad: La dolorosa verdad es que nuestros adolescentes generalmente se dañan a sí mismos en secreto. No están tratando de manipular a otros o llamar su atención. De hecho, la vergüenza, la culpa y el miedo que provocan estas conductas, hace que sea muy difícil mostrarlas y pedir ayuda.
  • Mito: Las personas que se autoagreden son locas y / o peligrosas.
  • Realidad: Es una realidad que los jóvenes que se cortan o autoagreden en general están pasando por un cuadro de ansiedad, depresión o trauma. Sin embargo esto no es diferente a las miles de millones de otras personas en la población general que también están pasando por estos cuadros emocionales. No por autogredirse se transforman en personas locas o peligrosas, es una conducta que los ayuda a hacer frente a la situación de estrés o angustia. Poner una etiqueta de “loco” o “peligroso” en una persona, cualquiera esta sea, nunca es algo positivo.
  • Mito: Las personas que se cortan, quieren morir.
  • Realidad: Generalmente estos jóvenes no sienten deseos de morir, ni se hacen estos cortes con el fin de suicidarse. Lo que generalmente pasa es que están tratando de hacer frente a sus problemas y dolor. De hecho, la autoagresión puede ser una forma de ayudarse a sí mismos para seguir viviendo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las personas que se cortan tienen un riesgo mayor de suicidio, por lo que es vital buscar ayuda profesional.
  • Mito: Si las heridas no son profundas, entonces no es tan grave.
  • Realidad: La profundidad de las heridas no muestra ni marca el nivel de sufrimiento de esa persona. No hay que asumir que debido a que las heridas o lesiones son menores, no hay nada de qué preocuparse.

Hoy a mi consulta llegan jóvenes, principalmente mujeres, que se autoagreden por distintos motivos: problemas con las amigas, bajo rendimiento académico, sentimientos de soledad, percepción de que los padres no las entienden, baja autoestima, inseguridad, temas alimenticios, miles son los temas que los llevan finalmente a buscar este tipo de escapatoria. Creo que es importante cuestionarse como hemos llegado a que nuestros jóvenes vean esta salida como un actual alivio a sus problemas.

Probablemente algo ha influido la gran variedad de información que pueden encontrar en las redes sociales y distintas plataformas, pero sin duda también influye el nivel de presión a la que están expuestos día a día. Son adolescentes que tienen que cumplir con las altas expectativas de sus padres, de sus pares y de la sociedad. Tienen que ser lindas o guapos, populares, inteligentes, deportistas, buenos cantantes, tener talentos que los diferencien, deben y tienen que alcanzar ya sea para ellos mismos o para el otro, la perfección. El problema se da cuando todo esto se torna inalcanzable y entonces sufren una tras otra decepción, queriéndose cada vez menos a ellos mismos. La sociedad, sus padres y sus pares se encargan la mayoría del tiempo de mostrarles lo que les falta y sus debilidades, dejando en la oscuridad esas que son sus fortalezas y aquellas cualidades que los hacen especiales. Y entonces vamos generando adolescentes inseguros, que no saben cómo quererse, pero que si saben lo que tienen que mejorar y no pueden. Jóvenes desprovistos de herramientas para enfrentar las distintas situaciones de la vida, jóvenes que frente a los conflictos no hablan sino que se esconden, evitan y se aíslan. En este camino de inseguridades y aislamientos, los cortes pasan a ser un alivio momentáneo para sus angustias, para sus no logros, para sus fracasos y conflictos. Estas conductas pasan a ser un falso alivio para su angustia, ya que no son capaces de reconocer como éstas finalmente los angustia más y los hace entrar a un círculo vicioso difícil de escapar.

La mayoría de las veces me encuentro en la consulta, con que esos cortes tienen más de mil significados. Finalmente estas autoagresiones, nos están hablando de todo eso que nuestros adolescentes no pueden hablar. Las palabras que callaron, los conflictos que guardaron, las notas que no alcanzaron, la angustia de no poder resolver los temas con sus padres, la no confianza en que el otro me puede ayudar. Entonces no podemos pensar que esos cortes desaparecerán, por el solo hecho de darles técnicas para que se distraigan cuando les vengan las ganas incontrolables de cortarse, o hacerlos prometer que no lo harán más. Probablemente estas estrategias los ayudarán por un tiempo, pero la mayoría de las veces solo estaremos alimentando una olla a presión que estallará en cualquier momento. Es más la mayoría de las veces, este tipo de soluciones solo empeora las autoagresiones, simplemente porque esto es algo que ellos no pueden controlar, y paradójicamente mientras más se aguantan más ganas dan. Probablemente, nuestros adolescentes ya han llegado a ese punto de que el corte pasa a ser una conducta placentera que los alivia y que para ellos no tiene nada de malo.  Entran en un intento de negar la culpa que les provoca en el minuto exacto en que dejan de cortarse y que saben que esta mal, e intentan convencerse de que “todos lo hacen” “es normal” y en realidad “no es tan terrible” “son solo cortes o rasguños chiquititos”.

En mi práctica profesional, cada vez veo más este tipo de conductas. No puedo dejar de pensar en cuando me llego esa primera adolescente que se cortaba, lo sentí tan grave, tan cerca del riesgo de lo suicida. Pero la verdad es que hoy es una conducta común, mucho más común de lo que uno quisiera, no por eso menos grave y libre de riesgo. Sin embargo, esta conducta muchas veces no tiene que ver con querer morir, sino con querer aliviar esos dolores del día a día que les entrega la vida. Además de esto, al dejar una huella visible del dolor como una herida, logran materializar en algo concreto y físicamente doloroso su dolor emocional, haciéndolo mentalmente más entendible, justificable y manejable. Es importante dejar claro que al provocarse heridas, el cuerpo secreta endorfinas, lo que analgésicamente se traduce en sensación de bienestar y relajo, lo que produce una sensación placentera inmediata. En el trabajo con mis adolescentes, lo primero en el proceso terapéutico es poder darle una voz a esos cortes, buscar que historia están contando. Esos cortes tienen voz, una voz que debemos escuchar y que el propio adolescente tiene que ser capaz de traducir.

Lo primero como padres o como terapeutas es alejarnos de la clásica respuesta cuando uno sabe de las autoagresiones, respuestas como el reto, el cuestionamiento y la prohibición de la conducta solo llevan a los jóvenes a más de lo mismo: un adolescente que se siente solo en su dolor y en su sufrimiento, un adolescente incomprendido, sin la presencia de esa figura que puede contenerlo y entenderlo. Entonces lo primero es pasar a ser una persona de confianza que pueda contener esas autoagresiones y las angustias que ellas acarrean. Ser una figura de no enjuiciamiento y confiar en que juntos podremos encontrar conductas más adaptativas para enfrentar la angustia, es el comienzo del camino terapéutico, un camino que también podemos recorrer como padres. No buscaremos que los cortes desaparezcan sin antes haberlos entendido por completo, no diremos “no lo hagas más” sino “descubramos que paso que te hizo llegar a eso” “¿Qué no pudiste decir?” “¿Qué no pudiste enfrentar”?. En mi práctica clínica he descubierto que este acercamiento a los cortes ayuda a que desaparezcan, ayuda a que los adolescentes se sientan comprendidos y entendidos y ayuda a que finalmente encuentren otra manera de enfrentar eso que no están pudiendo solucionar.

Como padres, estemos atentos a los signos que nos dan nuestros adolescentes, si veo marcas, sangre, si lo veo triste y aislado, si lo veo sufriendo, intentemos acercarnos. Muchas veces la puerta de los adolescentes está muy cerrada a la comunicación, como parte propia de esta etapa ellos no confían en nosotros como padres y solo buscan a sus pares para pedir ayuda. Entonces si crees que algo así está pasando, habla con él, si te cierra esa puerta, averigua y busca que es lo que les esta pasando. El mejorar la comunicación con nuestros adolescentes es nuestra primera puerta de entrada para el cambio. Enseñarles a conocerse a ellos mismos y respetarse en su ser persona tanto corporal como mentalmente es algo que se torna vital dentro de esta relación. Esto les entregará las herramientas básicas para lidiar con momentos angustiantes a lo largo de sus vidas. Por otro lado si veo señales, o tengo sospechas de que algo así está pasando, y me doy cuenta de que mi hijo adolescente no es capaz de confiar en mi o pedirme ayuda es fundamental buscar ayuda profesional.

Está demostrado que aquellas personas que cuentan con mayores herramientas a nivel emocional, como la capacidad de adaptación, una buena autoestima, empatía, buena capacidad de comunicarse y relacionarse y asertividad, entre otras, tienen un mayor éxito en resolver sanamente sus conflictos emocionales que quienes no han desarrollado estas herramientas. Sin duda como padres, este es un camino que debemos comenzar a recorrer desde que son pequeños: fomentar las instancias de comunicación, empatizar con aquello que los aproblema, reforzar sus fortalezas, pensar en distintas alternativas de solución cuando se presentan dificultades, ayudarlos a ponerse en el lugar del otro y enseñarles a pedir ayuda en aquello que no pueden, es parte del trabajo que debemos hacer como padres. Esto les dará la posibilidad de desarrollar mayores y mejores herramientas que les permitirán reconocer, modular y manejar las distintas emociones y situaciones.

Si hemos llegado a ese momento en el que intuimos que nuestros adolescentes se están autoagrediendo, debemos entonces:

  • Abrir canales de comunicación, confianza y contención.
  • Reconocer que es lo que gatilla los momentos de cortes, cuáles son esos momentos y que es lo que están necesitando ahí que no logran comunicar.
  • Empatizar con su dolor y vergüenza. No pedirles que no lo vuelvan a hacer sino que puedan pedir ayuda frente a la situación que los angustie.
  • Abrir espacios y la posibilidad de pedir y recibir ayuda, ya sea profesional o de seres cercanos que sean modelos para ellos
  • Enseñarles y practicar estrategias de enfrentamiento más adaptativas que el corte, para las situaciones angustiantes.
  • Llevarlos a enfrentar los conflictos y solucionar eso que los aqueja. Sacar la voz, hablar de lo que les preocupa o de lo que no les gustó.

Finalmente nuestro desafío como padres será darles la ayuda que necesitan y recorrer el camino necesario para que ellos estén abiertos a recibirla. La mayoría de las veces los cortes van de la mano con cuadros psiquiátricos, por lo que será vital recibir ayuda profesional. Sin embargo, lo que podemos hacer como padres es una gran tarea. No importa cuántos años tienen mis hijos, puedo empezar a recorrer ese camino desde ahora, para así formar en un futuro jóvenes que sepan enfrentar sus conflictos, que logren lidiar con la angustia y que crean con convicción que ellos tienen el poder de cambiar las cosas y que poseen las herramientas para enfrentar todos aquellos problemas que la vida les ponga en su camino.

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