Tolerancia a la Frustración: ¿Qué hacemos con ella?

Muchos son los padres que llegan a mi consulta y me describen que su hijo tiene “poca tolerancia a la frustración”, es una frase común que también sirve a profesores para describir parte de lo que son nuestros niños. ¿Cómo entendemos esa famosa “tolerancia a la frustración”? ¿Cuánto de esto es esperable? ¿Quién no se ha sentido frustrado alguna vez? ¿Qué debemos hacer con ella?.
La mayoría de nosotros hemos sentido frustración, rabia y enojo frente a cosas que planeamos y que no resultaron. La realidad es que nuestros niños también la sienten, la viven y si vamos más allá, les sirve y les enseña a afrontar las distintas situaciones del día a día. Entonces lo primero y más importante, es darles las herramientas para enfrentar esas frustraciones, y nunca pero nunca, y digo enfáticamente NUNCA evitar que estas ocurran en sus vidas.
Para nadie es fácil manejar la frustración, menos para un niño. Aprender a tolerar la frustración desde pequeños permite que los niños puedan enfrentarse de forma positiva a las distintas situaciones que se les presentarán en la vida. Para esto nosotros como padres, tenemos una gran tarea. Ayudarlos y darles herramientas para que pueden llevar a transformar vivencias de frustración y rabia, en oportunidades de aprendizaje.
Si definimos la frustración, diríamos que es una vivencia emocional que se presenta cuando un deseo, un proyecto, una ilusión o una necesidad no se llega a satisfacer o a cumplir. Esto hace que comencemos a experimentar en mayor o menor medida emociones como el enojo, la tristeza, la angustia o el miedo.
Desde los primeros meses de vida de nuestros hijos, basta que ellos expresen su malestar para que nosotros como padres corramos a ver qué es lo que necesitan y sin pensarlo mucho, hacer lo posible por cubrir esa necesidad. Esto va cambiando en la medida que van creciendo, con el paso del tiempo les vamos poniendo cada vez más exigencias y entregándoles mayor autonomía en lo que emprenden. Poco a poco, los niños se ven enfrentados a distintos desafíos que los ponen constantemente en situaciones de no logro, que les provocan frustración. Una caída, el no poder encajar la pieza de un juego, o un simple “no” se transforman en sus primeras desilusiones.
Es importante tener en cuenta que no todos los niños reaccionan igual. Muchas veces lo que le causa enojo y rabia a uno, no causa las mismas emociones en otro. Los niños vienen cargados genética y fisiológicamente con un temperamento que incidirá en la manera en cómo enfrentan las distintas situaciones. Esta es la base biológica que influye en las distintas manifestaciones conductuales. Desde sus primeros meses de vida, podemos reconocer como madres que tenemos hijos mas “fáciles” que otros. Estos niños vienen desde lo biológico con un temperamento mas tranquilo, lo que hará probablemente que enfrenten los desafíos de una manera distinta a aquellos niños que tienen un temperamento más “difícil”. Otro punto importante es el entorno que rodea a nuestros hijos y el modelo, que nosotros como padres le entregamos. Si los niños nos ven como padres que nos enojamos fácilmente frente a lo que no podemos cumplir, ellos inevitablemente, aprenderán esa manera de comportarse y reaccionar frente a las dificultades.
Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que puedan causarnos. Por lo tanto, se trata de una actitud y, como tal, puede trabajarse y desarrollarse. Es importante tener en cuenta que la frustración es un estado transitorio. En la vida, hay situaciones en las que conseguimos nuestros objetivos, deseos, etc., y otras en las que no. Los niños no saben esperar, porque no tienen desarrollado el concepto del tiempo, ni la capacidad de pensar en los deseos y necesidades de los demás. Es aquí cuando se hace vital enseñar a los niños a tolerar la frustración y enseñarles a mirar las necesidades del otro. Si como padres siempre les damos todo lo que necesitan y piden, ellos no aprenderán a tolerar el malestar que provoca la frustración de no tener aquello que espero. Que sean capaces de tolerar la frustración, también les permitirá una mayor regulación de sus emociones, un mejor manejo de los conflictos y tener relaciones interpersonales saludables.
Lo más importante en esta etapa, es poder ir dándoles a los niños,  herramientas para que sepan ir modulando las emociones negativas que nacen al verse enfrentados a un fracaso. Al trabajar como padres en esto, les estamos enseñando a sentirse competentes, y a que aún existiendo la posibilidad de fracasar en lo que se proponen, esta frustración puede transformarse en una oportunidad de crecimiento y aprendizaje de algo nuevo, propiciando una visión más positiva de sí mismo y una mejor autoestima. Podemos lograr que sientan que a pesar de haber fracasado, si lo intentan de nuevo aprenden, y por ende el mensaje para ellos mismos será “soy capaz de lograr lo que me propongo”.
Expresiones como llantos, pena, rabia y pataletas pueden ser gatilladas al no lograr lo que me propongo. Es aquí cuando se torna esencial que como padres podamos manejar estos momentos, logremos modular sus emociones y abrir una mirada de aceptación a su enojo. Uno mismo pasa por esos momentos cuando no nos resultan las cosas, ¿porqué exigimos que nuestros niños modulen esta emoción instantáneamente? ¿porqué exigir que no existan estas emociones negativas?. Es importante entonces, dar tiempo para que se vuelva a la calma, para así volver a intentar nuevamente eso que se habían propuesto, si los ayudamos en este camino les daremos la posibilidad de reparar esa difícil situación, aprender algo nuevo y aumentar su sentimiento de capacidad.
Muchos padres intentamos reducir o evitar las fuentes que causan frustración en nuestros niños a través de la sobre protección o permisividad. Al sobre protegerlos no les permitimos equivocarse, ya sea porque no queremos que sufran o porque no queremos que tengan que lidiar con sentimientos negativos. Esto los lleva a no tener la vivencia de resultados negativos y por ende, todo ese lado emocional que despiertan estas situaciones, dejan de existir. Sin darnos cuenta los dejamos desprovistos de herramientas para enfrentar estos momentos que inevitablemente aparecerán a lo largo de su vida. La conducta permisiva, por otro lado, se manifiesta, con frecuencia, al ceder frente a cualquier pedido de nuestro hijo, de modo que siempre conseguirá lo que quiere. Esto hace que los momentos de frustración que se presentan cuando “no consigo lo que quiero” disminuyan a su mínima expresión.Es difícil entonces, esperar que nuestros hijos puedan aprender a manejar sus emociones y frustraciones, si no les damos la posibilidad de vivenciar estos momentos y acompañarlos en el camino propio de cuando las cosas no salen como esperamos.  La importancia de saber decir que “no”, poniendo límites firmes, pero contenedores, que les permita tener un ambiente predecible, que atienda a sus necesidades y que acoja sus emociones, se torna vital.
Los padres podemos ayudar a nuestros niños a buscar distintas soluciones para enfrentar las situaciones que los aquejan, para que así puedan encontrar otras alternativas de solución distintas a una conducta disruptiva. Lo más importante será siempre ayudarlos a ENFRENTAR estas situaciones.
Sé que suena sencillo “ayudarlo a enfrentar sus frustraciones”, y me imagino que ahora se preguntan ¿y cómo lo hago? ¿por donde parto?. Aquí les dejo algunas ideas que les pueden servir a ayudar a nuestros niños SIEMPRE enfrentar estos procesos.
  • Incentivarlo, respetando su ritmo, a intentar nuevamente lo que no resultó.
  • Mostrarle que el esfuerzo es parte del proceso para alcanzar las metas.
  • Motivarlo a terminar lo que empezó con frases poderosas como “tu puedes”, “vamos haciéndolo juntos”, etc.
  • Mantener la calma. Es fundamental para poder trasmitirles lo mismo y lograr que ellos logren modular su enojo. En la medida que logren esta modulación, estarán predispuestos emocional y físicamente desde lo positivo. Esto les permitirá poder terminar la tarea.
  • Valorar el proceso del niño para hacer lo que le cuesta y no necesariamente el resultado.
  • Enseñarle a identificar el sentimiento de frustración cuando aparezca.
  • Validar su emoción y ser consistente en poner límites.
  • Tener expectativas claras y motivarlo a hacer tareas propias para su edad.
  • Jamás usar castigos o frases negativas como “no te la puedes” o “esto no es para ti” cuando ellos están intentando hacer algo que les cuesta.
  • Reforzarlo de manera positiva cuando logren tolerar la frustración, así podrán darse cuenta que su esfuerzo tiene una consecuencia positiva en ellos mismos y en los demás.
  • Enseñarle a pedir ayuda.
  • Dar el ejemplo como padres. La actitud positiva a la hora de afrontar las situaciones adversas es el mejor ejemplo para que nuestros hijos aprendan a resolver sus problemas.
  • Convertir la frustración en aprendizaje. Las situaciones problemáticas son una excelente oportunidad para que el niño aprenda cosas nuevas y las retenga.
La frustración forma parte de la vida. Aunque no se puede evitar, se puede aprender como enfrentarla y aumentar de esta forma la tolerancia a frustraciones futuras. Aprender a tolerar la frustración facilita que nos enfrentemos con éxito en la vida. Por ello, cuando antes les enseñemos a nuestros hijos, más herramientas les estaremos entregando para su vida futura. No podemos olvidarnos que tolerar aquello que no les gusta o resulta, es parte de su aprendizaje. Al ayudarlos con esto les estamos entregando herramientas para cuando la vida no les sonría como queremos.
Estoy segura que todos como papás queremos que nuestros hijos sean felices, pero esto será imposible si antes no los ayudamos y enseñamos a sortear y manejar los momentos difíciles que les pondrá la vida. Porque la vida esta echa de ambos momentos, y como manejo los momentos difíciles será determinante en como veo y siento la felicidad y el presente.

8 comentarios en “Tolerancia a la Frustración: ¿Qué hacemos con ella?

  1. jose luis perez larrain dijo:

    Interesante el articulo Jose, y muy útil para los que tenemos niños pequeños y estamos comenzando a ver ciertas conductas de frustración. Ahora bien ¿ hay señales que nos podrian indicar que efectivamente hay un problema con la tolerancia al frustración o más bien que el niño tiene dificultades para manejarla?, te lo pregunto porque hay veces que uno cree o siente que el enojo porque no le resulta algo por ejemplo es normal, pero a veces ese enojo pasa a la tristeza y ahí a uno le queda la duda si hay algo más de que preocuparse o simplemente uno debe incentivar a que se siga superando

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    • Jose Lacamara dijo:

      Hola Jose Luis!! Gracias por tus comentarios!. Excelente pregunta. Creo que la mayoria de las veces se trata de algo propio del ser humano y sin duda creo que como padres tenemos todas las estrategias para ayudar a nuestros niños. Lo mas importante es ver los distintos signos, si se ve que esto se da en todas las situaciones o que nuestros niños no son capaces de salir de la emocion de frustración más allá de lo que hagamos o dejemos de hacer, es importante consultar a un especialista. Si vemos que aparece una tristeza o enojo desmedido o frases como “soy malo en todo” “no sirvo para nada”, etc es bueno siempre poder pedir ayuda. Ojala te haya respondido tu pregunta. Besos miles!

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  2. Malena dijo:

    Me encantó la columna Jose y que bueno que retomaste la escritura! Que aporte! Me encantó la parte de los tips! Creo que los papás andan en busca de eso, pricnipalmente. Genial. Un regalo para el mundo. Besos amiga.

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  3. Coni dijo:

    Qué buen artículo, Jose. Hace aaaaaños que no leía tu buenísima pluma. Una alegría para ti y para todos nosotros que la vida te haya incentivado a retomarla.
    El tema de la tolerancia a la frustración ha tomado el mismo círculo vicioso del déficit atencional. Como si fuera un mal horrible e incurable sin un tratamiento pertinente. Sin embargo, yo creo que todos, adultos y niños, tenemos un cierto grado y, como tú dices, es fundamental trabajarlo y enfrentarlo para alcanzar una vida más plena. El trabajo desde la casa y en el día a día es clave, por lo menos eso es lo que yo aprendí luego pasadas por cuatro (sí, cuatro) psicólogas infantiles distintas con mis niños.
    Y a tener ánimo, no más. Pucha que cuesta apoyar a los hijos “difíciles”, pero después de años en eso, ahora que veo a los míos mucho más flexibles y con recursos para enfrentar las situaciones de frustración. Los niños son secos, súper capaces de cualquier cosa si confiamos en ellos.

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    • Jose Lacamara dijo:

      Gracias Coni!! Que bueno que lo hayas disfrutado!! Y como bien tu dices los niños tienen infinitas herramientas, hay que confiar en eso y en nuestra capacidad como papás de ser como un espejo que refleje todo eso!!! Gracias por tu super buen comentario!!

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